Jóvenes latinos, entre la falta de estudios y oportunidades de trabajo

En América Latina y el Caribe sólo el 56% de las y los jóvenes termina el nivel secundario y un escaso 8,7% accede a estudios superiores. Uno de cada 5 jóvenes ni estudia ni trabaja, según datos proporcionados por Marcela Suazo, directora Regional del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) durante el Foro Regional: “Agenda de Desarrollo e Inversión Social”, que se realizó el pasado 12 de agosto en la ciudad de Montevideo, Uruguay, como parte de la Primera Reunión de la Conferencia Mundial de Población y Desarrollo.

Los avances en la cobertura de la educación primaria no alcanzan para lograr un desarrollo próspero de los países, que según los estudios, requieren que las personas en capacidad de trabajar hayan asistido como mínimo 9 años a la escuela.

En la región Andina, cerca del 20% de las y los jóvenes considera que lo que se enseña en la escuela no sirve para la vida, no sirve para trabajar y que el ambiente es violento, de acuerdo a los datos que arroja la Encuesta: “La juventud en Iberoamérica. Tendencias y Urgencias” (2004), publicada por la Organización Internacional de la Juventud (OIJ) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La gran mayoría de los jóvenes valoran la educación superior, no porque participen en ella sino porque aspiran a la misma. Y, frente a este aspecto, el reto latinoamericano es desafiante para todos los países de la Región, en criterio del Secretario General de la Organización Internacional de la Juventud (OIJ) Alejo Ramírez.

Según datos de Naciones Unidas (2011), la población de 15 a 29 años representa en América Latina y el Caribe el 26% del total. En promedio, este grupo corresponde a un 25% de la población en todo el mundo.

Estos datos allanan el terreno para un bajo rendimiento de otros indicadores de desarrollo. Además, recalca Suaza, la Encuesta sorprende porque los jóvenes opinan que la escuela no es pertinente para su vida ni para conseguir trabajo y que también es un ámbito de violencia.

Pobreza e indigencia

El 30% de los jóvenes latinoamericanos y caribeños viven en la pobreza y el 10% en la indigencia. Más allá, los indicadores de pobreza multidimensional señalan que el porcentaje de personas pobres menores de 18 años de edad, en 2009, alcanzaba el 45%, es decir, casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes de la región son pobres. Esto significa que un porcentaje muy importante de las personas entre los 15 y los 29 años no puede satisfacer sus necesidades básicas y hacer un libre ejercicio de sus derechos.

La consideración de la situación social y económica de los adolescentes y jóvenes dentro de las políticas educativas y de empleo es un asunto crucial de la agenda de población y desarrollo. La falta de oportunidades claras en esta etapa de la vida, que afecta principalmente a los pobres, puede acarrear deserción del sistema educativo, desempleo o inserción laboral precaria y desafiliación institucional permanente, entre otros riesgos que tienden a perpetuar las condiciones de exclusión.

Se ha sostenido que este segmento poblacional ofrece oportunidades únicas de crecimiento y desarrollo sustentable en América Latina. Pero esto solo será posible si se adoptan políticas de fomento de la inversión social en las y los jóvenes, fortaleciendo decididamente las políticas de educación, salud y capacitación que los favorecen, así como todas aquellas que contribuyan a mejorar sus activos a mediano y corto plazo, se podrá contar con una población que en el futuro  sea capaz de enfrentar los desafíos de la sostenibilidad, según algunas de las reflexiones del Foro Regional: “Agenda de Desarrollo e Inversión Social” que se realizó el pasado 12 de agosto, en la ciudad de Montevideo-Uruguay.


DIEZ PARADOJAS DE LOS JÓVENES IBEROAMERICANOS
1. Poseen más acceso a la educación y menos acceso al empleo
2. Gozan de más acceso a la información y menos acceso al poder
3. Tienen más expectativas de autonomía y menos opciones para materializarla
4. Están mejor provistos de salud pero menos reconocidos en su morbimortalidad específica
5. Son más dúctiles y móviles pero más afectados por las trayectorias migratorias inciertas
6. Están más cohesionados hacia adentro, pero con mayor impermeabilidad hacia fuera
7. Son más aptos para el cambio productivo, pero más excluidos de éste
8. Ostentan un lugar ambiguo entre receptores de políticas y protagonistas del cambio
9. Están más abiertos a la expansión del cambio simbólico y poseen una mayor restricción del consumo material
10. Están confrontados entre la autodeterminación y el protagonismo por una parte, y la precariedad y desmovilización por otra
FUENTE: CEPAL-OIJ (2004), La juventud en Iberoamérica. Tendencias y Urgencias, Santiago de Chile